Cada vez te encierras más. Cada vez más hacia tu ombligo. Y no sólo tu nariz: tus ojos, tu boca, tu pecho, tus pechos, tus hombros, tus dedos. Te retuerces como un bicho bolita hasta volverte completamente hermético al mundo exterior. Ya ni luz llega a tu vientre. Te escondes. Huyes todo el tiempo. Te refugias cada vez más inseguro en tu propio interior. Pero alrededor tuyo nadie te está observando, y no te percatas de ello porque tienes tus cinco sentidos y pico puestos en tu ombligo.
martes, 25 de marzo de 2008
domingo, 23 de marzo de 2008
Hace dos años
Lo deseé. Lo escribí. Lo enrollé. Lo guardé. Lo tapé.
Sigue ahí guardado en una botella más hermética que nunca: todavía sigo pidiéndoselo a las estrellas.
Sigue ahí guardado en una botella más hermética que nunca: todavía sigo pidiéndoselo a las estrellas.
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