Lo que sé de mi, y lo que no. Lo que soy, y lo que no. Lo que siento, y lo que no. Lo que quiero, y lo que no. Lo que muestro, y lo que escondo. Lo que me encanta. Lo que me espanta. Lo que temo. Lo que me es indiferente. Mis posibles yo, y mis imposibles. O al menos lo que creo de todo ello. Al menos lo que me permito y lo que me obligo a creer. Porque tengo una fuerza que ni siquiera acá deja de condicionar mi propio despliegue en Ninu.